En el imaginario colectivo, el Tercer Sector habita una suerte de limbo angelical. Imaginamos a las fundaciones y asociaciones como entidades que flotan sobre la prosaica realidad del mercado, impulsadas únicamente por la pureza de sus intenciones.
Sin embargo, la realidad es bastante más irónica: para salvar el mundo, primero hay que entender el Derecho Administrativo. No hay nada más humano, y a la vez más contradictorio, que intentar institucionalizar la bondad a través de un farragoso expediente de subvenciones.
Es aquí donde la consultoría estratégica para el Tercer Sector deja de ser un lujo de despacho moderno para convertirse en una tabla de salvación. Porque, seamos sinceros, el entusiasmo de un patronato rara vez sobrevive a una auditoría de la Intervención General si no hay una estructura legal sólida que lo respalde. En Life Sector Público, llevamos más de 25 años observando cómo grandes proyectos sociales naufragan no por falta de ética, sino por exceso de ingenuidad burocrática.